La primavera trae espárragos silvestres en Istria y fragancia de tilo en valles verdes. Recorre tramos de la Parenzana en bici, cruza puentes viejos, improvisa un picnic con queso joven y rábanos. Haz fotos sin filtros, recoge basura ajena, toma notas breves. Menos destinos, más presencia, mejor memoria para junio.
El verano pide sombra, agua y canciones. Remar temprano frente a calas tranquilas, dormir la siesta bajo pinos, leer un capítulo mirando entre las páginas el cielo. Al anochecer, busca una plaza con música local. Apaga el teléfono dos horas. Descubrirás que el calor comparte generosidad cuando lo escuchas atento.
Con el primer frío, los bosques de Motovun huelen a trufa, las castañas vuelan del cesto a la sartén, y el vino nuevo conquista terrazas en San Martín. En diciembre, los Krampus recuerdan travesuras; los mercados navideños invitan a chocolate y charla. Termina en termas humeantes, escribiendo lo aprendido antes de dormir.
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