Moverse con calma y mirar mejor
Caminar, pedalear y subir a trenes regionales que serpentean entre túneles y viaductos cambia la escala del viaje. El paisaje deja de ser decorado para convertirse en compañía. Reducir velocidad abre detalles: musgo, piedra tallada por siglos, nombres escritos en estaciones mínimas, saludos espontáneos. Llegar deja de ser una meta; estar, por fin, basta.